El sistema electoral en Murcia

El sistema electoral español adolece de falta de proporcionalidad y de representatividad en determinados ámbitos provinciales como el de Murcia, al tiempo que comparativamente exagera su efecto en otras comunidades ; provoca alteraciones significativas al no permitir la igualdad democrática de un hombre, un voto, no viéndose el ciudadano justamente representado; mostrándose además poco sensible a la diversidad política.
Que adolece de proporcionalidad ha quedado claramente al descubierto, pues, en el recuento de votos PSOE y PP suman alrededor del 84 por ciento de los votos válidos emitidos (que no del total de la población) y sin embargo tienen el 92 por ciento de diputados (323 de 350); unos 28 escaños más del “ala” que los designados en las urnas. Al contrario sucede con los otros dos partidos de ámbito nacional que hemos obtenido representación parlamentaria IU y UPyD que sumando el 5 por ciento de los votos , reunimos menos del 1 por ciento de los escaños (3 de 350), cuando deberíamos tener aproximadamente 17 asientos; se mire por donde se mire no salen las cuentas, ya que para acabar el descalabro, vemos que UPyD dispondrá de una representación 6 veces inferior a la del PNV, habiendo obtenido UPyD más votos que este partido vasco.
Esta deficiente proporcionalidad en el parlamento se debe, fundamentalmente por un lado a que se prima el hecho provincial a la hora de delimitar las circunscripciones, de manera que a cada provincia se le otorga un número mínimo de 2 escaños, que se completa con una adición de asientos por numero de habitantes de esa provincia. En definitiva el 29 por ciento de los escaños (102) obedecen única y exclusivamente a criterios territoriales mientras que el 71 por ciento restante (24
se distribuye siguiendo criterios demográficos. Las consecuencias son que a una provincia como Murcia le corresponde 10 diputados, cada congresista representa aproximadamente a 36.000 murcianos; conseguir uno de los 31 diputados que representan a Barcelona cuesta aproximadamente 127.000 votos, se requiere multiplicar la cifra anterior por tres; pero también y en sentido contrario, se requiere un porcentaje considerable de apoyos sobre el total provincial para conseguir un escaño por Murcia, sensiblemente superior al exigido en Barcelona o Madrid. Lo que, en definitiva, complica la consecución de los asientos parlamentarios reservados para las provincias de pequeño tamaño y convierte en estrategia electoral competir en las comunidades autónomas integradas por varias provincias, en detrimento de las uní provinciales.
La segunda crítica al belga D’hondt es que concede más escaños a los partidos mayoritarios, en la práctica este recuento perjudica hasta el punto de hacer peligrar la presencia de UPyD aún habiendo obtenido un numero de votos nada despreciable en el total nacional, pero pocos por circunscripción o provincia. En sentido contrario, favorece a las listas que acumulen mayor numero de votos en circunscripciones con votos muy concentrados desde el punto de vista territorial, como sucede con las formaciones nacionalistas y regionalistas.
De todo lo expuesto se deduce que la ley electoral D’hondt estuvo bien planteada en el momento de la transición , pero que 30 años después lo que se demanda es que el porcentaje de votos se ajuste al porcentaje de escaños otorgados; se debería estudiar que el impacto de la regla de D’hondt sería sensiblemente menor en caso de que la circunscripción electoral fuese autonómica en lugar de provincial y menor aún si esta circunscripción autonómica se combinara con una circunscripción nacional única y además se eligiera un diputado por autonomía en lugar de los dos actuales por provincia. Es muy posible que si esto se cumpliera Murcia estaría igualitaria y justamente representada, aportando votos realmente útiles a nivel nacional y haciendo que todos estuviéramos representados, en vez de tener la idea de que a veces nuestro voto no vale o no ha sido tenido en cuenta, cuando los murcianos también tienen algo que decir con su votación, lo mismo que los demás, ni más , ni menos.
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Pues si nos ponemos a hablar de las cinco circunscripciones electorales que tiene una provincia tan “grande” como Murcia en cuestión autonómica, descubriríamos hasta que punto la supuesta proporcionalidad esta prostituida, y la pluralidad conculcada. Si urgente es cambiar la ley electoral para el parlamento y el senado nacional, urgente también es empezar a denunciar la partición electoral murciana, que garantiza la bipolaridad y hace imposible la presencia y representación de posiciones menores, tan legitimas como todas y con derecho a estar presentes donde se deciden las cuestiones ciudadanas.